Me encuentro frente al medio de comunicación más común del año 2026, un proveedor de noticias digitales, que a través de un vídeo tridimensional de 96 segundos, me informa sobre las noticias globales de última hora. Extiendo mi mano y pulso con los dedos las imágenes en el vídeo, para obtener más detalles sobre los últimos hallazgos de unos científicos en Europa: la fusión de células humanas con extraterrestres. Aparece un mensaje solicitando permiso para entrar en mi chip cerebral en donde serán recreadas todas las imágenes obtenidas de la noticia. Digo “aceptar” y mientras ingiero dos pastillas para el desayuno, me informo en 20 segundos de los detalles de la noticia.
En el año 2008 revisar el correo electrónico, modificar el perfil en Linkedin, cargar el video más popular en YouTube, leer los periódicos nacionales y extranjeros, revisar mi Twitter, subir nuevas fotos al perfil en Facebook, ver qué estaban haciendo mis amigos en FriendFeed, buscar nuevas fotos en Flickr mientras desayunaba, era una de las primeras acciones matutinas que realizaban las personas comunes en los países de primer mundo. En Latinoamérica, para entonces, aunque las tecnologías no eran tan avanzadas, estás actividades eran cada vez más normales.

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